Mientras el fiscal Walter Guzmán analiza en qué fiscalía recaerá finalmente la demanda contra Leopoldo Ghelfi, César Mugnaini y Carlos Gamond, el empresario Héctor Boccaloni continua reclamando el dinero entregado al grupo.
En diálogo con Otro Punto relató los pormenores de lo que él y su mujer, Lourdes Villalobos, califican como una estafa a su buena fe. -Cuando pasó todo esto, Cachi (Gamond) me llamó y me dijo: 'tu eres mi hermano, yo me voy a ocupar. Los otros que han invertido perderán y yo perderé, pero tú no vas a perder, yo me hago cargo de que recuperes el capital’.
-¿Quiénes estaban en el fideicomiso?
-Estaba Gamond, Roberto Stefanini, (Antonio) Rins, yo, el diario, es decir Gamond por un lado y en representación del diario la hija, un señor de mucho dinero que vive en el Golf y otro señor de Buenos Aires, hay varios.
Última actualización (Jueves, 17 de Mayo de 2012 17:58)
Al leer el testimonio de Héctor Boccaloni surgió entre los lectores una serie de interrogamtes: Un empresario de su talla ¿puede haber sido tan ingenuo en confiar semejante patrimonio sin pedir la documentación o las garantías que lo respaldasen? ¿Cómo pudo convertirse en millonario en Méjico si en Argentina fue tan salame, por no usar otro epíteto más popular?
Hace una década Otro Punto le hizo la misma pregunta al empresario Carlos Biset, quien se presentó como víctima de este mismo grupo de poder, incluso del propio Boccaloni. Aunque cueste creerlo las respuestas fueron similares. Biset -de quien se puede afirmar que a la hora de los números no tenía ni un pelo de sonso- en su momento respondió que cuando decidió irse al Uruguay y dejar en guarda su patrimonio a Julio Mugnaini, Delfor Maldonado, Carlos Gamond y compañía, lo hizo porque estaba cansado y deprimido. Apremiado por una situación financiera apretada había perdido a sus dos puntales con pocos meses de diferencia, su padre y su hermano, con quienes había trabajado unido en bloque para construir su emporio empresarial.
Última actualización (Jueves, 17 de Mayo de 2012 18:01)
Héctor Boccaloni relató algunos detalles sobre el fideicomiso que integró junto a otros inversionistas (ver nota principal).
Según tiene entendido en el primer año alquilaron cuatro pedazos de campo distribuidos en distintos puntos del país que totalizaban unas mil hectáreas. En el segundo año ampliaron a dos mil hectáreas en ocho campos, siempre buscando zonas productivas y pensando que si les iba mal en alguno en el promedio iban a obtener siempre un resultado positivo. Boccaloni contó que, según le dijeron, en el primer año obtuvieron un rendimiento del 20 por ciento pero en el segundo se habría perdido todo, hasta el capital. La pregunta que se hace es ¿cómo puede ser que en ninguno de los campos se haya podido lograr una producción que por lo menos permitiese recuperar el capital?
Última actualización (Jueves, 17 de Mayo de 2012 18:05)
Es notable el parecido de las historias del empresario Carlos Biset con la de Héctor Boccaloni teniendo como punto en común que fue Boccaloni quien compró las acciones de Editorial Fundamento SA allá por 1986, después de que Biset había confiado su patrimonio al grupo Mugnaini.
Fue el fiscal, ahora fallecido, Jorge Fantín, quien en su momento realizó la investigación judicial sobre la denuncia formulada por Biset contra Mugnaini y compañía y la elevó al juez Eduardo Bustamante acusándolos de asociación ilícita y administración fraudulenta reiterada. Bustamante dispuso finalmente su sobreseimiento. ¿Qué decía Biset en su reclamo? El empresario relató que el 3 de abril de 1986, él y los herederos de su hermano Rogelio, formalizaron un contrato de fiducia con su abogado y escribano de confianza, Delfor Maldonado y Cesar Mugnaini. Allí les otorgaron poder general amplio de administración y disposición.
Última actualización (Jueves, 17 de Mayo de 2012 18:09)
Heredó de sus padres una fortuna, incluido el Grand Hotel Río Cuarto, pero no le quedó casi nada. "Mugnaini me perjudicó muchísimo". Ana María Marich de Ferreira vivió penosamente buena parte de sus 67 años, defendiéndose una y otra vez de maniobras pergeñadas -según cuenta- por miembros de su familia y el octogenario escribano. "Ojalá ahora pague por todo lo que ha hecho, yo no pude, Biset tampoco, Mugnaini es un hombre muy escurridizo". Ana María vive en un departamento del centro de la ciudad, donde los muebles y alguna vajilla importada que le quedan, no concuerdan con ese lugar, denotan otra vida, la de una mujer que supo lo que fue crecer en cuna de oro. A esa cuna la mecieron una madre acostumbrada al lujo y a no tener que trabajar; y un padre, inmigrante croata, "que llegó a la Argentina con una mano adelante y otra atrás", pero que supo construir un imperio de empresas y transformarse en un millonario.
Última actualización (Jueves, 17 de Mayo de 2012 18:54)
"Este es un espacio para pintar, para crear y para pasarla bien, para encontrarse con uno, charlar con amigas y poder sacar el artista que todos llevamos adentro", dijo Silvia de Lorenzi de Química Río Cuarto al referirse a los talleres de pintura que organizan todos los años.
"Para nosotros es muy importante que las alumnas que vienen aquí encuentren un espacio donde desenchufarse de todo lo cotidiano, los chicos, la casa, el trabajo. Acá se ríen, se cuentan sus cosas, se relajan, encuentran una amiga, y además aprenden a pintar. En síntesis, vienen a pasar un rato agradable", manifestó. En Química Río Cuarto se puede asistir a los talleres de pintura, en el nivel inicial, medio y superior, pintura decorativa, vitreaux y vitrofusión y porcelana fría. Pero además, y pensado para quienes terminan los tres niveles y quieren seguir asistiendo al grupo está el taller de pintura libre.
Última actualización (Jueves, 17 de Mayo de 2012 18:34)
Su traje está impecable. Planchadísimo. Piel de bebé y ojos de miles y miles de bailes vistos, de pies, de pianos, de bailarines, de chayas y chacareras, de zambas y guitarreadas. Con ternura infinita evoca a sus hermanos, casi los corporiza convocándolos desde el más allá. Levanta sus manos por el aire y los señala en los históricos lugares que ya no ocupan, pero que él custodia celosamente para que no caigan en las garras del olvido. Emociona Vitillo repiqueteando el bombo mágico que retumba salvaje entre las paredes del "Coloso" que ya lo escuchó todo. Zapatea, danza, vuela Vitillo. El Norte simple y sencillo de patio de tierra y chacarera fluye entre la gente que lo quiere bien. Desde el comienzo de otro siglo Vitillo resiste. Perdura. Pelea. Custodia la chacarera.
Última actualización (Jueves, 17 de Mayo de 2012 18:40)
Liliana Llobet, 60 años. Docente universitaria
-¿Qué hace para disfrutar el fin de semana?
-Hago muchas cosas. Voy al cine, visito o me visita mi familia, por lo general con los que no veo en la semana. También voy a caminar al Andino con alguna amiga. Y paramos en los puestitos con máquinas para hacer un poco de ejercicio. Algo que disfruto mucho es escuchar música, por lo general es clásica o romántica, si es instrumental mejor. Y aprovecho para leer alguna novela o ensayo. Según la época del año corrijo trabajos prácticos. Y relacionado con mi trabajo suelo escribir y diseñar en mi computadora alternativas para los productos que les doy a los alumnos. Es trabajo, pero me gusta hacerlo.
Última actualización (Jueves, 17 de Mayo de 2012 18:45)
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