Mujeres del mundo unidas por un drama en común: el maltrato. Una serie de trabajos de humor gráfico fueron expuestos en el Teatrito por la Cruz Roja para crear conciencia entre hombres y mujeres sobre la violencia de género.
Otro Punto recorrió la muestra junto a miembros del grupo Volver a Empezar, mujeres de la ciudad que han sido víctimas del maltrato doméstico y que están luchando para recuperar su vida.

María: Mi nueva vida es linda, ya no tengo miedo de volver a casa
La vida de María está muy lejos de las de las humoristas de Japón, Argentina, Estados Unidos o Grecia sin embargo se vio reflejada en la exposición.
“Hay un escrito donde una mujer dice que si sale por esa puerta no vuelve y le pregunta al marido si tiene algo que decir y el responde ¡¡¡Goll!!! mirando un partido de fútbol por TV”, dice María. Ella fue víctima de violencia y pudo salir. “Mi nueva vida es linda, da mucho trabajo pero es linda. Una ya no está con ese miedo de estar en casa, de volver temprano para que no se enojen, para que este todo bien”.
Le costó tomar la decisión. “Hay mucha vergüenza. Cuando comencé ir al grupo ni hablaba. No decía a dónde iba. Hasta que un día me animé y lo dije”.
María les aconseja a las mujeres que sufren su calvario a que se animen, a que busquen ayuda y que tengan paciencia porque se puede salir del drama.
Hace ocho años que ella va a Volver a Empezar y aunque ya no lo necesita se siente bien en poder ayudar a otras que viven lo que sufrió ella. “Ahora soy otra persona”, dice con timidez.
Sara: Siempre me golpeaba, pero nunca delante de testigos
Sara vino a la muestra después de tomarse unos minutos en el trabajo y llegó al grupo por una invitación que le formuló otra mujer golpeada. “Ahí empezó a cambiar mi vida. Pude salir a pesar de haber estado encerrada entre cuatro paredes durante 18 años”.
Sara se compara con las Madres de Plaza de Mayo en su peregrinar golpeando puertas y pidiendo ayuda hasta que encontró fuerzas.
para salir. “La parte más difícil es desprenderse de la familia y dejar todo. Pero uno tiene que hacerlo por uno mismo, porque hay que salir adelante porque sino terminas enfermándote o golpeada en una zanja”.
Fue maltratada muchas veces. “Siempre fui golpeada pero nunca había testigos. Ni mis hijos ni nadie. Entonces yo era la loca. Ahora estoy tratada psicológicamente y desde que hice la denuncia nunca más me golpearon. Agradezco a Dios y a mis hijas que me dieron la posibilidad de tomar esta decisión y agradezco al grupo por ayudarme. Por eso les digo a las mujeres que están en mi misma situación que se lleguen a Volver a Empezar. Es fantástico. Yo voy desde abril y ya cambié. Empecé a salir, me subió el autoestima, hago otra vida.”.
Pero para Sara la tarea no debe terminar con las mujeres. Hay que seguir trabajado con los niños que quedan en la casa de los golpeadores porque incluso para ellos, es más difícil todavía salir de ese ámbito de violencia.
“Lo dejé cuando ví
que no iba
a cambiar”
Romina: Me fui cuando me di cuenta que él no iba a cambiar
Romina tiene 30 años y hoy puede tomar su tragedia con humor. “En esta muestra se ve mucho de lo que sufrimos. Sin darnos cuenta nos reímos de las cosas que nos pasaron. Pero nos reímos ahora porque antes nos costaba, llorábamos, pensábamos en nuestros niños, en cómo salir y en cómo enfrentar a la sociedad. Te encontrás sola, sin saber para donde mirar”.
Cree que el factor económico puede ser un condicionante a la hora de tomar una decisión. “Hay mujeres que tienen un buen pasar, están acostumbradas a tener todo, a no trabajar y tienen que empezar a enfrentar la vida. Al separarte hay un cambio en todo sentido, económico, físico, espiritual laboral y hay que animarse”.
A ella se le hizo el “clic” para empezar a cambiar cuando vio que el que no cambiaba era su marido. Estuvo casada once años y en ese tiempo hubo otras separaciones. Siempre volvía porque creía en las promesas de una vida mejor, de un cambio, que iba a valorar el momento de estar en familia. Pero después se daba cuenta de que no, que todo seguía igual y que a veces era peor.
“A mi no me golpeaba pero me maltrataba verbalmente. No valoraba nada de lo que hacía, para él yo estaba en casa aplastada y sin hacer nada en todo el día y no se daba cuenta que uno no paraba. Y a la noche había que estar bien para recibirlo y servirlo. El no volvía a horario, no compartía conmigo la crianza de los niños ni nada. Sentía que estaba casada pero sola. Dije basta, vos no cambias y yo soy joven. No quiero padecer lo que sufrió mi madre cuando tenía mi edad. Por suerte mi familia me apoya y el grupo al que voy desde hace seis meses también”.
Romina cuenta que Dios la ayudó cuando la puso frente a una mujer del grupo de casualidad. Yo había ido al Hospital con mi hijo enfermo y la escuché hablar. Le pregunté y al otro miércoles empecé a ir.
Uno cambia porque se anima a enfrentarlo a él como hombre, a la familia, a valorizarse.
Hoy quiero que mi vida cambie, porque si estoy bien como mujer estoy bien como mamá, como amiga, como hermana como hija. Y quiero estar bien.
Emilse: Hoy llego a casa y nadie me reta
Emilse, 38 años, fue al grupo desesperada. “Llegué sin mis hijos. Me fui de casa con mis hijas mayores y mi nieto. Tuve paciencia y esperé y ahora recuperé a los otros tres. Pero no saben por lo que pasé. No tenía dónde dormir ni qué comer. Me fui con lo puesto y mi maletín de podóloga. Todos hablaban de mi como que andaba con otro, pero les demostré que no, que me fui porque me maltrataban”.
Para su marido Emilse no estaba embarazada sino “preñada”, no era podóloga sino que “lavaba patas sucias”. El tenía un sinnúmero de maneras para maltratarla y asustarla.
Emilse se enfrentó a esa violencia y hoy tiene sus frutos. Aunque se había ido de su casa la Justicia le permitió volver a su hogar y exigió que él se fuese.
Para Emilse todavía todo es muy duro. “Las chicas nos dicen que es como un duelo que vivimos. Nos acostumbramos tanto a la violencia que creemos que es parte de la vida, que es normal. Tenemos que aprender a vivir de nuevo”.
Ahora Emilse sufre de ataques de pánico “y es por todo lo que viví. Yo tenía miedo de llegar a mi casa, miedo a enfrentar la vida, miedo a todo, pero cada día me es más fácil superarme”.
Ahora trabaja de cadete a la mañana y es podóloga a la tarde. Siente que su vida cambió porque cuando llega a la casa nadie “la reta ni le grita”.
“Esta bueno
pensar desde
lo gracioso”
Sandra Pagliero es psicóloga y trabaja en el grupo Volver a Empezar, para mujeres que han sido víctimas de violencia y en el área de la mujer de la Municipalidad. También recorrió la muestra y la destacó como un espacio para reflexionar y para pensar.
-¿Sirve este tipo de espacios?
-Sirve para las mujeres y para los hombres. No sólo para las mujeres que han pasado un momento difícil en la vida sino para las personas en general. Para que tengan una visión distinta desde el lado del humor, desde lo gráfico. Está bueno que tengan otra imagen y que desde lo gracioso puedan pensar y replantearse algunas cosas de la vida diaria.
-¿Los hombres se dan cuenta cuando son maltratadotes?
-Hay casos en que sí. Es un poco más difícil en la gente grande que tiene adoptada una forma de ser, una cultura que es totalmente diferente a la de los jóvenes. La gente joven está más cerca de lo que pasa, tiene más información, toman conciencia de lo que les pasa, lo dicen y piden ayuda.
Tanto es así que, aunque se pueden contar con los dedos de una mano, tenemos a hombres que se acercan a pedir ayuda por la situación que están viviendo. Ellos son los producen el maltrato pero quieren salir. Está bueno que empiecen, que se den cuenta que les está pasando algo y que no lo pueden controlar, que se les va de la mano y que no quieren perder su familia.
La gente más grande es más reacia a todo esto. Cuando se enfrentan con un psicólogo su planteo es “yo no estoy loco, usted no me conoce y no tengo porque ir a plantearle algo a usted. Cuesta más llegar.
-¿Tienen dónde ir a pedir ayuda?
- Sí. Hoy se está trabajando muy bien con la justicia. Hay una cadena, una red, donde entre todos nos comunicamos y desde algún lugar (la Municipalidad, Tribunales, el Ministerio de Justicia) podemos llegar y trabajar.
-En todo este proceso ¿cuál es el paso más difícil para una mujer que es víctima de violencia y quiere salir?
-El paso más difícil es cuando uno tiene hijos y debe decidir entre irse ella o él. Hay momentos en que la persona maltratadora no quiere ceder en nada y no quiere tomar conciencia de lo que pasa. Cree que es pasajero. Cuesta que la persona tome la decisión de dejar todo lo que tiene y lo que conoce para encarar una nueva vida, con nuevos objetivos. Un objetivo propio de la persona pero también para sus hijos. Porque una vez que hizo ese primer paso empiezan a caer otras cosas. Por ejemplo, el de los chicos que sufren y empiezan a tener reacciones. Eso asusta y mucho. Entonces algunas prefieren seguir viviendo como hasta ahora en vez de encarar la decisión y la postergan para cuando los chicos sean más grandes.
-¿Qué sienten las muejeres que vienen a Volver a Empezar?
-En el grupo hay gente que hace quince años que viene al grupo, aunque haya pasado el temporal. Muchas siguen viniendo y fortalecen el grupo para ayudar a las chicas nuevas. Cuando una recién llega ve todo oscuro, no aparece ninguna luz y estas personas ayudan con su experiencia para que vean que hay lucha cosas que se pueden hacer para adelante.
-¿Las mujeres maltratadas deben separarse o se puede intentar salvar la pareja?
-Hay casos y casos. Cuando hay un reconocimiento de las dos partes del problema que están viviendo, cuando se dan cuenta de que no pueden comunicarse de otra forma que no sea a través del maltrato en palabras o en golpes, se puede lograr un cambio en la pareja. Pero cuando una de las partes no reconoce el problema es mucho más difícil.
-¿Hay estadísticas sobre casos de maltrato?
Hay algunas. En la Municipalidad se hizo un trabajo con la comisaría de la mujer donde se señala que ha ido subiendo el índice de violencia. Ha habido un buen trabajo desde todas las áreas, en conjunto y que se está organizando. Hay todo un proceso de ensayo y error para entendernos y ayudar a las personas con esta problemática. Ahora nos escuchamos más entre las distintas instituciones. Hay muchos casos.
-¿Y qué pasa en las comisarías?
-Lo bueno es que la gente llega a las comisarías y se les toma la denuncia, cosa que antes no pasaba. Sobretodo si era un hombre el que recibía la denuncia. Normalmente se le decía a la mujer que por qué no pensaba bien el tema, que si el marido tenía trabajo lo iba a perder, que a lo mejor era ella la que se portaba mal, que no cedía. Ahora esa visión está cambiada, aunque en algunos lugares no tanto.
-¿En todas las comisarías se reciben las denuncias?
-Se supone que sí. Hemos tenido casos en que no se está recibiendo la denuncia pero cuando nos informan nosotros llamamos por teléfono, hablamos e intermediamos para que se cambie de actitud. Buscando siempre el término medio, para hablar y entendernos. Sobre todo para que la mujer tenga una solución inmediata. Sus situaciones son realmente riesgosas, y si encima uno que está para esto les cierra las puertas ellas piensan “para qué voy a ir si no me van a ayudar”.
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