El llamado del blues

Pablo “soplete” Basso es uno de los mejores armoniquistas del país. Toco junto a un Mollo fascinado en Tilcara y a las ballenas en el estrecho de Magallanes. Pequeña semblanza de un  pibe que respira blues.

blues-2-colorSoplete es una masa, un personaje, un músico tremendo. Tiene algo de transumante de viajero eterno, de peregrino que destila libertad, en su música y en su vida. Pablo Basso se llama, pero para casi todos es: El soplete. Un músico errante que deambula escenarios, bandas de rock y blues en pueblos perdidos o en grandes ciudades, por veredas polvorientas o en restaurantes internacionales. Lleva equipaje liviano: Un morral  y una armónica.
Soplete se amalgama, se mimetiza, se confunde con el paisaje y traduce los mensajes de las cosas, de las siestas del norte, de los atardeceres lejanos o de los puchos apagados en los ceniceros de “Cinzano”. Los transforma en lamentos agónicos de historias tristes de mujeres idas, en traiciones y desconsuelos y en esos amores rancios y golpeados que como árboles arrasados renacen a la fuerza de cariño. Las transforma en melodías de blues.
Es un alquimista loco con una técnica exquisita, que convierte a la armónica “diatónica” (la más simple y rudimentaria de todas) en una cajita mágica plagada de tonos y semitonos imposibles.
En Youtube, si uno pone: Divididos-burrito-Tilcara, se encuentra con dos videos que reflejan a Mollo de Divididos, rendido a sus pies, en una ceremonia antiquísima: La de el maestro que se rinde al talento y a la inspiración. En una plaza de Tilcara cantan “El burrito” y el “solo” de soplete le arranca al marido de la Oreiro reverencias y fascinación.
blues-5-colorSolplete también tocó con Papo “El Carpo” y a las ballenas del sur. En un video antológico puede vérselo sobre la cubierta de un buque científico en el que estuvo embarcado un año y medio,en una atardecer rojizo y furioso impregnar todo de blues.
El músico habla poco y “tunea” las armónicas nuevas porque: “cada vez viene más chotas”, dice. Con precisión de relojero las afina, les tapa las fugas de aire caprichoso y las mima. Yo creo que les habla, las domestica, las convence.
En Cuzco a pasado temporadas largas con bandas formadas por músicos del mundo entero que sucumben al encanto de una melodía, como los ratones al famoso flautista de Hamelin. Es que solo unos pocos privilegiados hablan verdaderamente ése idioma universal que exorciza fantasmas y prescinde de todo otro intento de comunicación: La música.
Pablo estudió cine y realizó otros trabajos esporádicos. Pero solo hasta que un llamado misterioso lo obligó a volver al camino, a los escenarios y al blues. Disfruta la vida como le viene, portador de un don maravilloso se sumerge en las aguas heladas de la alta montaña y se ríe como un niño o como un ser en sintonía con el universo.
Soplete es cosa seria, habla el idioma del blues y deambula entre nosotros. Uno de los mejores armoniquistas del país, camina despreocupado por las calles de Río Cuarto esperando atento el próximo llamado del blues.
 

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