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.Periódico semanal de distribución gratuita. Año V - N° 244 - Tercera semana de diciembre de 2009.
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Tiene siete años, es escritor,
lee a Dumas y admira a Napoleón

Tiene siete años. Es escritor y fanático de la lectura. Su autor preferido es Alejandro Dumas. Su héroe: Napoleón Bonaparte. Puede relatar la batalla de las Termópilas y el fin del Rey Leonidas; la guerra entre persas y espartanos o explicar porqué Napoleón perdió ante los rusos. Le gusta ver películas de piratas y de guerra. Juega con los soldaditos en batallas a quienes les hace repetir parte de la historia. Asegura que nunca irá a Alemania porque “Hitler me impresiona”, aunque sabe que está muerto. Quedó fascinado con Méjico. Recorrió junto a su familia Atenas y Esparta, y hoy son los lugares preferidos de sus cuentos. Se llama Antonio Pozzi y los fines de semana, o cuando se le da la gana, se sienta a escribir sus novelas.

-¿Cómo empezaste a escribir?
-Bueno, aprendí en la escuela. Después cuando pasé a segundo grado yo empecé a leer historias, como la de Waterloo, que es la primera que leí. Era como una serie y ahí yo empecé a escribir en una hoja porque no tenía cuaderno. Después, cuando me compraron el cuaderno la copié. Después escribí la del pirata Morgan, que realmente tenía muchos errores de ortografía. Después escribí Los Cosacos, que se trataba de un hombre ruso que se casó con una polaca y tuvieron dos hijos. Los mandaron a una escuela polaca que era de los enemigos, porque eran distintas tribus, y como no había escuela mandaban a los niños cuando habían crecido, cuando tenían unos veinte años. Los mandaron a la escuela católica de Polonia. Estos dos se enojaron porque había polacos que los insultaban, así que el padre no los llevó más. Después uno de los hermanos se enamoró de una polaca como el padre, entonces los cosacos se pelearon contra los polacos porque querían sacarle a la mujer. Bueno, la guerra terminó cuando perdieron los polacos.
-¿Cuándo te comenzaron a gustar todas estas historias de polacos, franceses y rusos sobre las que te gusta leer y escribir?
-Cuando tenía dos años. A mí me regalaron los soldaditos de mi papá. Después me regalaron otros que me traían de Buenos Aires, Venecia, Francia o de cualquier lugar. Mi abuela me traía soldados de Córdoba y mis tías, tengo una en Nueva York que se llama Andrea, me traía cualquier tipo de caballeros.
Cuando cumplí cuatro me gustaban más los Powers, después empecé a conmoverme con la política y la historia de los soldados y bueno…realmente… hasta veía películas sobre ellos.

Lo conmueven las historias de caballeros y soldados

-¿Qué te conmovían de esas historias?
-¿Qué me conmovían de la historia del siglo XIX y las demás? Me gustaba cuando hablaban del ataque, o cuando corrían, o cuando empezaban los espadazos. Yo a los seis años empecé con las guerras francesas. Yo había visto, cuando estaba con la pierna rota, una película que se llamaba Waterloo. Como tenía que estar acostado mi papá me trajo unas películas. Primero vi una de dragones y caballeros que era muy divertida y se trataba de la revolución campesina. Después vi Waterloo y me inspiró Napoleón.
-¿Napoleón es tu héroe preferido?
-Sí.
-¿Me podes contar algo de Napoleón?
-Bueno. Napoleón nació en Francia. A su hermano Pepe Botella, como le decían, lo nombró emperador de España porque Napoleón era emperador de Francia. Antes de que llegara José Bonaparte había llegado el Duque de Enghien, en los viejos tercios de Cartagena. Después vino Napoleón, porque habían perdido la batalla porque eran muchos más soldados y cañones, entonces hubo dos ataques en Rocroi, entonces Felipe IV fue fusilado por Enghien y después Napoleón Bonaparte lo fusiló a Enghien para poder seguir gobernando él.
-Después de los dibujos que tanto te gustaba hacer y de aprender a leer, ¿empezaste a escribir?
-Exacto. A los siete años empecé a escribir. Porque a los seis jugaba de todo, pero a lo siete empecé con la historia, a leer libros como Los Tres Mosqueteros, terminé otro de Napoleón Bonaparte contra Rusia y unos más.
-¿Me contaron que te gusta Alejandro Dumas?
-Ese escritor me encanta.
-¿Y que historia te gusta?
-Me gusta cómo escribió Los Tres Mosqueteros. Después mi papá compró un libro, que realmente yo no conocía para nada, que se llama El Club Dumas, que aparecía una foto de Los Tres Mosqueteros abrazados y tenía historias que había escrito Dumas. El último que todavía no terminé porque son 173 páginas, El Corsario Negro, es un buen libro y yo cada noche o cada mañana leo una aventura. Ahora estoy leyendo el Capitán Tormenta y el Capitán Diego Alatriste, que era un español que había peleado junto a los tercios viejos de Cartagena, tengo toda una colección que ya te la voy a mostrar y no lo terminé todavía.
-¿En qué momento te sentás a escribir?
-¿En qué momento? En cualquier hora del día o en cualquier domingo o cuando se me da la gana.
-¿Te sentás en su escritorio?
-Me siento en la mesa, en una silla que está por allá, en una sala donde está el ajedrez de la guerra civil norteamericana, y los sábados o domingos a la mañana me pongo a escribir algunas cosas. Yo siempre escribo pero ahora trato de terminar el libro de Los Cruzados. Y a la tarde o a la mañana trato de corregir lo que escribí.
-También sé que has viajado mucho. ¿Qué parte de Europa recorriste?
-Recorrí Venecia, Italia, Atenas, Esparta, Grecia, Francia. Conocí Madrid, donde vivía Alatriste, y bueno también fui a Nueva York y a Méjico. Ese lugar me encantó. Porque realmente había un lugar que se llama Guanajuato, donde había un hotel de maravillas que nos servían el desayuno, aunque también había un hotel de los franceses que me gustó mucho.
-Como admirador de Napoleón ¿qué sentiste cuando conociste Francia?
-Oh! Era una belleza, pero realmente una belleza. Había un hotel donde nos atendieron re bien.
-¿Tu papá te cuentas historias mientras van viajando?
-Mmmm. Me cuenta historias de unos caballeros muy tontos que se llaman Gahz y Frank y se trata de una familia.
-Me contaste que no te gusta ir a Alemania.
-No, me da miedo Hitler.
-Pero papá te contó que Hitler no está más.
-Sí, pero realmente yo no voy a ir nunca a Alemania. Yo voy a ir a Holanda.
-¿Por qué a Holanda?
-Porque no la conozco. Mi papá sí fue a Alemania y me contó. El fue a Berlín, dentro de Alemania, pero bueno ¿Qué otra cosa?
-¿Con quién podes conversar sobre todas estas cosas que sabés?
-Solamente con un solo chico porque le gusta lo mismo que a mi. Podemos hablar de cualquier cosa de Hitler, de la guerra mundial. Se llama José Nacho y hablamos de cualquier guerra. Hablamos de la guerra del Rin pero además vemos cualquier película.
-También me contaste que una vez diste una conferencia.

-Ah…sí, una conferencia sobre San Martín. Yo no conozco tanto de San Martín porque yo realmente conozco más de los otros países.
-¿Y dónde diste la conferencia?
-En el jardín de mi hermana. Tuve que salir antes de la escuela porque siempre salimos a las doce y la conferencia era a las once. Tenía todo anotado en un cuaderno que habíamos hecho en mi escuela. Yo hice una larga charla y mi mamá otra larga charla.
-¿Y los nenes te prestaban atención?
-En realidad yo ponía cara de serio y de cansado. ¿Cuándo era el Día de San Martín?
-El 17 de agosto.
-Fue el 17 de agosto mismo. Bueno, más bien no, fue unos días antes o después.
-¿Pero te prestaron atención?
-Creo que no. Yo los veía distraídos. Realmente yo pensaba que estaban en otra cosa. Y bueno, además me tenían miedo porque a mí todos me temen.
-¿Por qué?
-Porque siempre pongo cara de malo.
-Pero sos bueno.
-Soy bueno pero muy gruñón.
-¿A qué se debe?
-¿A qué se debe? A que todos me molestan. Porque me irritan, o sea que la cabeza explota, se me va al cerebro y empiezo a enojarme.
-¿Cuándo no te prestan atención?
-No, no es eso. Es que las chicas me molestan más que los chicos. Porque en la escuela las mujeres me hacen cualquier tortura. Cuando estoy leyendo algunas veces que llevo un libro a la escuela y me siento en la puerta, ella me dicen: “porque traes siempre libros. ¿No ves que te van a entrar cosas que no debes hacer? Y a mi me da ganas de darle un golpe.

Una entrevista a solas

Al momento de hacer la nota, Antonio no estaba acompañado por ningún adulto de su familia. La frescura y la espontaneidad de sus respuestas es genuina ya que nadie le sugería lo que tenía que decir o dejar de decir.
Sin sentirse intimidado, cómodo, natural y con absoluta confianza, Antonio se prestó a la charla que duró más de una hora. Sólo era interrumpido por su hermana menor, Emilia (5) que ante el protagonismo de Antonio ella también quería que la “grabaran” mientras cantaba y posaba para las fotografías. Sólo una vez la niña le sugirió: “Sonreí Antonio que salís serio en todas las fotos”.
Generosamente mostró sus cuadernos de escritura, sus soldados, sus libros y su habitación. Mientras tantos, sus padres y su abuela, tomaban mate en el fondo del patio.






“Las mujeres de mi escuela no leen ni una cosa”

-No, vos le tenés que explicar que es muy interesante todo lo que vos aprendes.
-No, yo nos le digo nada, no les doy bola porque ellas no leen ninguna cosa. ¿Vos sabías que las mujeres de mi escuela no leen ni una sola cosa. El único que lee en la escuela soy yo y José. Entonces lo que hacemos Nacho y yo cuando viene a casa es jugar al fútbol en educación física, y a todo tipo de soldados. También hicimos un diario que se lo vendíamos a algunos de la familia. Pusimos deporte, política o lo que pasaba en Córdoba. Pusimos fotos con las letras, con lo que habían escrito. El diario lo hicimos con José y con Agustín, así se llama el otro nene. Cada mesa tenía un título y a nosotros nos tocaron los deportes. También tengo otro amigo que se llama Gabriel, y cada uno tenía el material. Algunos el lápiz, otros la plasticola. Yo era el que pegaba, Nacho el que cortaba y Gabriel era el que escribía.
-Y hablando del colegio ¿sos buen alumno?
-Realmente a mí nunca me retan. Nunca me retaron. El colegio es lo que más me gusta. Y además cuando estoy en casa sin hacer nada, sin ninguna materia, los domingos o de vacaciones, me aburro. Muchas veces me siento en un lugar y me quedo inmóvil, sin hacer nada.

Después de la nota Antonio nos llevó a su habitación donde está el escritorio repleto de libros y una biblioteca con decenas de películas.
Entre sus juguetes hay un enorme fuerte, castillos, carabelas y buques. Antonio explica que entre sus juguetes está uno de “los galeones españoles que llegaron a Méjico, a la vieja Tenochtitlán, conquistada por Cortés y Alvaro de Mendana. Lo que pasó en Méjico cuando Tenochtitlán no existía, muchos años después, llegaron los norteamericanos cowboys. Porque en Yucatán estaban los aztecas, que tenían una lanza y una escudo. Después había otros que tenían una espada con filo, que parecía una espada china pero más chica y un escudo”.
“Sobre la cama –sigue explicando Antonio- hay un cuadro de la Infantería de Línea que combatió contra Prusia y otro del Palacio de Francia donde vivía Luis XIIV”.
En otra de las habitaciones, Antonio muestra el juego de ajedrez de la guerra civil Norteamérica. “Estos eran los del sur y estos los del norte, los azules, los de Washington”, aclara a modo de explicación.
De otra de las repisas de la casa Antonio toma un libro. Es el que está leyendo ahora. “La Sombra del Aguila”, de Arturo Pérez Reverte, “se trata de la guerra de Moscú contra Napoleón Bonaparte, quien se termina rindiendo ante los rusos. Porque como Napoleón había ganado muchas guerras contra los rusos, perdió la última”.
-¿Por qué habrá perdido?
-Porque realmente cuando invadió Moscú, los rusos eran muchos, había millones. Había unos soldados que se llamaban los ruskis, había cosacos y otros.
En su cuaderno nuevo hay tres novelas escritas por Antonio. Sus títulos son Waterloo, la Guerra de las Termópilas y la Primera Guerra Mundial.
Antonio es un verdadero apasionado de lo que hace. Sin duda, y como buen escritor, ya ha comenzado a escribir el primer capítulo de su propia historia.

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Notas en esta edición













Si bien Antonio tiene un gusto muy especial por la historia, vale decir que su padre es historiador y escritor. Se llama Pablo Pozzi, es doctor en Historia y profesor titular de la UBA. Su mamá, Mariana Mastrángelo, también es profesora de historia. Su abuela Rosalía es docente en Córdoba Capital y además, un dato que interesará a los riocuartenses es bisnieto del escritor Juan Floriani.







Esparta, la Batalla de las Termópilas

El siguiente es uno de los cuentos escritos por Antonio Pozzi en su cuaderno de escritor:
“Esparta era un lugar libre hasta que llegaron los persas. El rey Leónidas, el representante de Esparta, y el gran político más famoso Temístocles, representante de Atenas, hicieron un consejo y hablaron y hablaron y llegaron a un acuerdo. Los espartanos y los atenienses se unieron para pelear contra los persas. El rey Leonidas escogió el lugar perfecto para pelear en las Termópilas. Los espartanos llegaron a las Termópilas sanos y salvos. La batalla duró tres días. Entre esos tres días el primero fue cuando los espartanos mataron a todo un regimiento entero aunque se escaparon algunos. Al día siguiente, Jerjes e Hidranes, era el capitán, mandaron a los inmortales la guardia personal de Jerjes, y los mataron los espartanos con antorchas y lanzas, escudos, espadas, y al día siguiente un granjero de cabras le dijo a Jerjes, que había otro sendero para derrotar a los espartanos. Y Leónidas dijo estas palabras con honor: espartanos ya no podemos cuidar el paso, así que he decidido atacar y matar a Jerjes. Y mataron al rey Leónidas y los espartanos se retiraron a un lugar seguro.
Un persa dijo estas palabras. Si nos dan el cuerpo de su rey les perdonaremos la vida. El espartano dijo: no abandonaremos a nuestro rey. E Hidranes dio la orden de tirar flechazos a los espartanos. Y murieron los espartanos.
Como un puñado de hombres libres se unieron a pelear al imperio persa.
The End.



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