Con una tonada entre canchera y autosuficiente, el empresario Carlos Velenzuela, titular de la Fundación Clara de Asís, le vendió a los riocuartenses un buzón con alas.
Era marzo y el sueño de que Río Cuarto contara con vuelos diarios hacia Buenos Aires parecía a punto de cumplirse. El servicio iba a costar 320 mil pesos mensuales, que la empresa Baires Fly SA iba a cobrar sí o sí independientemente de los pasajeros que trasladara.
¿Quién se iba a hacer cargo de los gastos? Era la pregunta del millón. Para responderla la persona indicada era Carlos Valenzuela.
Quienes contrataban el servicio a la empresa de aviones era la Fundación que, según palabras de su titular, no perseguía fines de lucro. “La Fundación Clara de Asís, integrada por unas 40 empresas, quería dar a Río Cuarto un servicio de avión sanitario”, explicó Valenzuela. “Entonces resolvimos que para bajar los costos operativos podíamos hacer los vuelos diarios”.
Tomando contacto con las autoridades del municipio elaboraron un proyecto que le sirviera a la ciudad y satisficiera una demanda postergada desde hace cinco años, contando con el apoyo de empresarios.
“Se ve como un servicio para ricos, pero la realidad es que si mañana llega haber un accidente y hay que hacer un traslado, Río Cuarto va a tener el avión y allí se va a notar el esfuerzo que estamos haciendo vale la pena”, explicaba a cuanto grabador se le pusiese adelante Valenzuela.
Afirmaba que las empresas podían colaborar con dinero y algunos podían usar los pasajes o no, “ya que está el caso de una empresa que colaboró con 80 mil pesos y no viaja nunca, lo hicieron como aporte solidario”.
Valenzuela señaló que “nosotros estábamos dispuestos a pagar el total del viaje para tener disponible el avión sanitario las 24 horas en Río Cuarto, así que aunque viaje poca gente para nosotros va a ser una ayuda”.
¿Cómo terminó este acto solidario? En la nada. A los pocos días del vuelo inaugural que contó con pasajeros representantes de todas las instituciones de la ciudad, la Fundación y su titular se esfumaron por los aires del imperio. Lo que no se sabe es si lo hizo por avión o por carretera.
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