Esta es la primera Navidad que Gabriela Cassan y Oscar Aguirre van a festejar sin su único hijo Máximo. El falleció hace seis meses, tenía siete años y sufría de un problema al corazón. Mientras vivió, Máximo era un niño como cualquier otro. No presentaba síntomas visibles. Jugaba, reía, comía, saltaba y le proponía a su papá que cuando fuesen grandes, fuesen súper héroes.
No pudo ser. Máximo murió y Gabriela y Oscar, junto al resto de tíos, tías, primos y abuelos, quedaron descorazonados. Oscar se dijo que nunca más iba a festejar nada. Ni cumpleaños, ni día de la madre, ni navidades, ni fines de año. Nada. No tenía ningún motivo para hacerlo.
Aldo Ponce hace veinte años que perdió a su hijo Gabriel. Tenía dos años y medio y había nacido con una enfermedad congénita. Aldo sabe lo que sentían Oscar y Gabriela. Pero él, hace mucho tiempo que festeja las navidades. Y los cumpleaños. Y los aniversarios. Y de sus hijas y de sus nietos. Aldo recorrió un largo camino para entender que cuando parte un hijo, son muchas las cosas que comienzan. Pero hay que buscarlas. Y él tuvo la fuerza de hacerlo.
Gabriela, Oscar y Aldo son miembros del grupo Renacer, fundado allá por 1988 por el matrimonio de Alicia y Gustavo Berti. El grupo de padres que han perdido hijos y que hoy funciona en distintos puntos del país y del mundo.
“Cuando murió Gabriel, pensé que mi vida se había arruinado. Con el tiempo, y con el grupo, descubrí que mi hijo no había venido al mundo a arruinarme la vida. Que todo tenía que tener un sentido. Que él era portador de un mensaje que yo debía interpretar”, dice Aldo.
La primera pregunta que se hicieron Gabriela y Oscar fue ¿por qué a mí? ¿por qué a nosotros? ¿por qué si habíamos dado todo a nuestro hijo nos pasaba esto? Veían a otros chicos maltratados, abandonados y la pregunta se repetía: ¿por qué a nosotros?
Aldo les cambio la pregunta: ¿por qué no a mí? Si le pasa a tanta gente, por qué no me iba a pasar a mí.
Para Aldo no hay que preguntarse ‘por qué’ porque es una pregunta que no tiene respuestas. “Hay que preguntarse ‘para qué me pasó’ y ahí sí encontrar las respuestas positivas”.
“Creo que lo fundamental es que cada uno de nosotros encuentre los valores reales de la vida, los que suelen estar adormecidos. La familia, los otros hijos, saber que somos necesarios para alguien, que podemos ayudar, que podemos ser solidarios y generosos”, dice Aldo.
La vida es una construcción, reflexionan. “Los malos momentos de la vida vienen solos. No hace falta que los vayamos a buscar. En cambio los buenos no, a la felicidad la tengo que salir a buscar y ese es un esfuerzo personal que debemos hacer”, explica Aldo.
Gabriela y Oscar salieron a buscarla. Esa construcción tiene un sentido. “Yo tengo que homenajear a mi hijo que no está más conmigo. ¿Cómo lo puedo hacer? Renegando, viviendo lleno de resentimiento y tirado en una cama, u ofreciendo lo mejor de mi para que cuando me encuentre alguna vez con él, y me pregunte “papá que hiciste cuando estaban conmigo” yo tenga una respuesta para darle. Mirá hijo, hice todo esto”, cuenta Oscar.
Cuando se planteó que este año no iba a festejar la Navidad Oscar pensó en hijo Máximo. “¿Qué diría él que era tan cariñoso y familiero? ¿Le hubiese gustado verme empastillado y llorando en una habitación? ¿O le gustaría verme con los tíos y los abuelos que tanto quería?”. La respuesta fue clara, a él le gustaría verme bien.
Después de que Oscar pensó en su hijo se dio cuenta que tenía que celebrar, que tenía que homenajear a Máximo, que tenía que hacer cosas buenas para poder contárselas algún día, que tenía que ser merecedor del amor que había recibido.
Aunque cueste creerlo, Aldo insiste en que él encontró de nuevo la felicidad. “Si yo tuviese que empezar mi vida de nuevo sabiendo que mi hijo se me va a ir a los dos años y medio, yo volvería a elegir el mismo camino. Es más importante haberlo tenido y conocido que no haberlo tenido nunca”.
Oscar dice que Renacer les enseñó a no encerrarse en su dolor. “Es nuestra primera Navidad sin Máximo y de pensar que nuestra vida estaba terminada hoy trataremos de pasar lo mejor posible con quienes nos rodean. Porque si le pudiese preguntar a Máximo que desea para esta Navidad, él diría que estuviésemos bien”.
Cuando Máximo estaba con Oscar, siempre le preguntaba:
-Papá ¿vos y yo somos amigos?
-Claro, le decía Oscar.
-¿Cuando sea grande vamos a ser Súper héroes?
-Sí, vamos a ser súper héroes, le respondía.
Hoy Oscar siente que no tiene que defraudarlo. “El me hacía sentir como un héroe así que no puede ser que me caiga, por eso trato de levantarme”.
Ahí está el secreto, dice Aldo. En pensar en los otros y no sólo en nosotros. En homenajear a nuestro ser querido que ya no esté, en prepararnos para el próximo hola. “Yo no quiero pasar la vida, quiero vivirla. Con esto que nos pasó conocemos la dimensión del amor y del sufrimiento y ese es el crecimiento interior”.
Si después de tanto dolor Gabriela, Oscar y Aldo le encuentran un sentido a esta Navidad y van a levantar su copa para celebrar las fiestas, el compromiso de todos aquellos que no han sufrido una pérdida semejante debe multiplicarse. A lo mejor haciéndole caso a Aldo cuando dice “cada uno de nosotros podemos cambiar el mundo. El mundo se cambia con amor y si cada uno de nosotros da un poquito de amor ya el mundo está cambiando”
Feliz Navidad para todos.
|